Ir al contenido principal

Antes de nada


Que bien friegan las licenciadas (frase apócrifa atribuida a Lidia Falcón)


Antes de nada y para despejar cualquier posible duda, este no es un manual de instrucciones dirigido a mujeres pero que asume que su público objetivo tiene todo el aspecto de ser femenino.

 El que avisa, no es traidor.

Me consta que esta es una afirmación políticamente incorrecta que va soliviantar a las activistas del mal llamado género, a las sufragistas con tiempo para merienditas y a las Reinas de la Colmena y/o hembras alfa.

También va a molestar a aquellas cuyo sueldo solo es complementario y fueron a la universidad exclusivamente a buscar marido. En expresión mexicana, a hacer un MMC (mientras me caso) . La hipergamia no presupone conocimiento de home economics y en la práctica las que teóricamente deberían ser expertas en gestión del sueldo ajeno, tampoco lo son.

Y  me da igual. 

En el momento que nos ha tocado vivir,  donde el estado se descompone por minutos y la distancia entre ricos y pobres se hace cada vez mayor, la gestión y la economía doméstica se han vuelto, aún si cabe una cuestión más femenina. Es posible que usted personalmente no lo haga, pero seguro que lo ha subcontratado en otra mujer.

La existencia del Estado suponía, tal vez lo recuerden,  una cobertura más o menos amplia de la infancia y la ancianidad.  Al menos, la posibilidad de ello.  El Estado subvencionaba cosas como guardería, comedor en el colegio, centro de día o asilo para el abuelo. Además, no penalizaba fiscalmente  a quien decidía internalizar el asunto con la contratación de, por cierto, otra mujer, para ocuparse de niños y ancianos. Porque, le moleste a quien le moleste, de los niños y los viejos se ocupan las mujeres.

La irrelevancia del papel regulador del descompuesto Estado, ha abierto la posibilidad de deshacerse de las hiperprotegidas mujeres y sus derechos laborales  sobre maternidad y el cuidado de los hijos convirtiendo sus anteriormente nulos  en absolutamente objetivos despidos. 

Sea por la circunstancia que sea, y tenga la culpa o no el empedrado, las mujeres, tras una tímida incorporación al mercado laboral, se pueden  ver  irremediablemente enviadas de nuevo a su casita, a fregar, a planchar, a hacer la comida y a cuidar de niños y padres toda vez que ya no puede pagar por que (otra mujer) se lo haga. 

Y el problema es que cuando se han vuelto a su casa, han descubierto que no tenían ni idea de que se hacía ahí dentro, porque una cosa es dar cenitas con catering y otra muy distinta dar de comer a una familia numerosa, tres veces al día, 7 días a la semana.

En una sola generación, la de la prosperidad, por cierto, el conocimiento desapareció, y la actividad se subcontrató, porque la necesidad seguía existiendo. Cierto es que había que limpiar, planchar y dar de comer e incluso coser.  Pero teníamos, por una parte, dinero para pagar que otra lo hiciera, y, mucho más importante, estábamos ocupadas triunfando profesionalmente y no podíamos permitirnos que ese conocimiento de Maruja empañara nuestro impecable currículum. De hacer algo, oiga, hacíamos foie o punto de cruz, pero no lentejas ni subir bajos,  que ordinariez., faltaría mas. 

Con lo que nos ha costado llegar hasta aquí, como para retroceder para tender la ropa, y si
  hacerlo porque mi santa madre me ha enseñado, van a pensar que soy una Maruja  como ella, y si no sé,  porque mi abuela ya había cambiado el trapo por la toga, van a pensar que estoy traicionando a la causa si me da por aprender.




Total, que venga  despilfarrar comodities y utilities. 



Cierto y verdad es que la Sección Femenina se ocupó de documentar perfectamente dichos conocimientos, e incluso (que yo las he conocido) tenía unas profesoras de  una asignatura llamada "Hogar". Qué vamos a decir de las Ciencias Domésticas del CEICID cuyos cuadernos y cursos deberían ser parte del currículum escolar obligatorio.


Pero, y ahí radica el problema,  la mayor parte de las mujeres de  mi generación vivió en la ignorancia de tales manuales, que, por otra parte, producto de quienes eran estaban destinados al destierro, el olvido y la ignominia.

No les quiero ni contar como llegan de preparadas las STEM, convencidas de que Alexa resolverá sus dudas ¿Alexa como se fríe un huevo? ¿Alexa, pagar 11 euros por un dobladillo es caro o barato? 

Cuando por mala fortuna y triste fado servidora pasó a desempeñar el papel de Ama de Casa a la totalidad con presupuesto limitado y recurso escaso se dio cuenta de las siguientes cosas.

1)     No tenía ni idea de cómo gestionar una casa con poco dinero.

2)     Más le valiera aprender,  toda vez que se antojaba  difícil  volver a tener dinero alguna vez.

Quiere esto decir que si yo hubiera seguido manteniendo mi nivel de ingresos probablemente nunca jamás hubiera dedicado un solo minuto a pensar en la Dirección de Operaciones aplicada a los pasillos del supermercado, o la aplicación de la Contabilidad en el presupuesto familiar.

Porque aunque yo me sé muy bien la Teoría de la Decisión Racional  y el Dilema del Prisionero yo nunca necesité ser racional y mucho menos ahorradora.

Durante los ya larguísimos años de esta crisis, yo, como la mayor parte de los españoles, he visto reducido mi nivel de ingresos y he tenido que aprender a marchas forzadas a gestionar mi economía y mi casa.

Para todas las que como yo, nunca pensaron verse comprando una máquina de coser, va dedicado este manual.  Me hubiera gustado hacer una novelón decimonónico o un ensayo profundo, pero no sé si ustedes saben que, mal que nos pese, entre los fogones andará Dios, pero no Kant.  










Comentarios

Entradas populares de este blog

Básicos, que no eran tan básicos. Los ingresos

Mi buena amiga Tikitina, Directora Financiera de Pro y Ama de Casa a la Fuerza como yo, pensará que todo esto son obviedades que todo el mundo debería saber, porque ella tiene inteligencia matemática y contable y seguro que si no llegara a fin de mes no sería por que no controlara los gastos, sino porque no generase ingresos. Pero no está tan claro, porque los ingresos, de suyo, no son seguros, pero los gastos si, y nada mas nacer ya estamos gastando sin parar.  Los ingresos son engañosos y tiende uno a volverse la lechera con su cantarito en la cabeza. No me digan que no, que está España hecha un trapo y algo de culpa colectiva tendremos. Los alemanes no, oh primera víctima, pero nosotros si. No cometa usted el error de utilizar el concepto de Salario Bruto Anual dividido entre catorce porque eso es una entelequia peligrosísima. Por mucho que a usted el salario se lo comuniquen en bruto, usted, en su casa, cuente en neto. Y no haga proyecciones porque a mita...

De como la Economista Descubierta volvió a abrir un blog

Quizás aterricen ustedes aquí por casualidad y no tengan ni idea de quien es la Economista Descubierta. Para los que no la conozcan, les remito a mis distintos heterónimos y a www.trumanfactor.com que es un sitio bastante elegante donde soy una invitada regular. El caso es que antes de escribir en Truman Factor, yo tenía un blog, actualmente al baño maría, donde desahogaba las penas que me produjo el largo tiempo que pasé en desempleo y todo el tiempo que tuve que pasar en el WFA, (al glosario me remito). El blog devino en mi colaboración en Truman Factor y lo tengo congelado, por si acaso. Pero he decidido volver a escribir, esta vez un manual de organización doméstica. Ya ven. Con todo lo lista que me creo y la de libros profundísimos que he leído, he terminado por redactar un manual de gestión doméstica dirigido a mujeres. Y está dirigido a mujeres porque a los hombres les importa un bledo si la lavadora funciona o no, si la  Marmota (ver glosario) cobra en 13 ó 14 pagas o...

Dirección Financiera. El que no gana, gasta

Hay quien nace ahorrador, o le educan en el ahorro. No recuerdo a que edad empezaban los niños a distinguir el valor del dinero, pero está claro que la tendencia al despilfarro o al ahorro es innata y cigarras y hormigas habrá siempre. Claro está que solo el necio confunde valor con precio, pero en los últimos años la mayor parte de nosotros olvidamos lo que era el valor de las cosas, porque su coste se nos antojaba irrelevante. Eran los años en los que nos iba bien. Los baby boomers fuimos la primera generación que no solo tuvimos acceso a todo, sino que había de todo. No es que pudiéramos tener coche, es que podíamos elegir entre muchos modelos, y además, teníamos dinero para comprarlo. Y si no teníamos, teníamos capacidad de endeudarnos. Y no voy a empezar a buscar culpables, que no es el caso. El caso es que teníamos dinero, llegaba una factura, se pagaba, sin mirarla, sin analizarla, sin compararla, sin reclamarla. Se rompía la lavadora, se llamaba al...