Hay quien nace ahorrador, o le educan en el ahorro. No
recuerdo a que edad empezaban los niños a distinguir el valor del dinero, pero
está claro que la tendencia al despilfarro o al ahorro es innata y cigarras y
hormigas habrá siempre.
Claro está que solo el necio confunde valor con precio, pero
en los últimos años la mayor parte de nosotros olvidamos lo que era el valor de
las cosas, porque su coste se nos antojaba irrelevante.
Eran los años en los que nos iba bien. Los baby boomers
fuimos la primera generación que no solo tuvimos acceso a todo, sino que había
de todo. No es que pudiéramos tener coche, es que podíamos elegir entre muchos
modelos, y además, teníamos dinero para comprarlo. Y si no teníamos, teníamos capacidad
de endeudarnos. Y no voy a empezar a buscar culpables, que no es el caso.
El caso es que teníamos dinero, llegaba una factura, se
pagaba, sin mirarla, sin analizarla, sin compararla, sin reclamarla. Se rompía
la lavadora, se llamaba al 24 horas y se pagaba, sin mirar, sin analizar, sin
comparar, y sin esperar al lunes para no llamar al servicio de urgencia.
Se descosía un dobladillo, y se llevaba a una tienda de
arreglos, y se rompían unos zapatos y se compraban otros.
Y eso, claro , se ha acabado. Para mi se acabó el día que al
quedarme sin trabajo descubrí que no podía afrontar mis gastos y que por
primera vez en mi vida, tenía que analizarlos.
Los gastos, como las relaciones superficiales, dependen
mucho del dinero del que dispongas. Cuanto mas dinero tienes, mas
superfluosidades mantienes.
Si usted, como yo, se enfrenta por primera vez a la gestión
de un presupuesto, vaya repitiendo los siguiente concepto como un mantra, o un
principio metafísico inmutable. El que no gana, gasta
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