Quizás aterricen ustedes aquí por casualidad y no tengan ni idea de quien es la Economista Descubierta.
Para los que no la conozcan, les remito a mis distintos heterónimos y a www.trumanfactor.com que es un sitio bastante elegante donde soy una invitada regular.
El caso es que antes de escribir en Truman Factor, yo tenía un blog, actualmente al baño maría, donde desahogaba las penas que me produjo el largo tiempo que pasé en desempleo y todo el tiempo que tuve que pasar en el WFA, (al glosario me remito). El blog devino en mi colaboración en Truman Factor y lo tengo congelado, por si acaso.
Pero he decidido volver a escribir, esta vez un manual de organización doméstica.
Ya ven.
Con todo lo lista que me creo y la de libros profundísimos que he leído, he terminado por redactar un manual de gestión doméstica dirigido a mujeres.
Y está dirigido a mujeres porque a los hombres les importa un bledo si la lavadora funciona o no, si la Marmota (ver glosario) cobra en 13 ó 14 pagas o si hay que descongelar el frigorífico de cuando en vez.
Les importa un bledo y no van a hacer ni un poquito por interesarse por estas faenas. Y, sinceramente, yo lo entiendo. A mi tampoco me importaban nada, ni tenía mínimos conocimientos sobre el asunto.
Y es que cuando uno tiene dinero y un trabajo interesante los asuntos domésticos se subcontratan.
No es un trabajo cualificado, es mas, su retribución máxima nunca supera los 950 euros brutos mensuales, y además, es un tostón ingrato.
Pero hay que hacerlo, y no sé ustedes, pero si piensan que las cosas van a ir a mejor para las mujeres, les anuncio que están equivocados.
La conciliación es un mito, los horarios españoles están pensados para comidas de negocios en un país de bares, y bañar a los niños, pudiéndose tomar uno un gintonic con los colegas del trabajo, es un asunto que a los hombres les preocupa digamos, regular ná mas.
La lavadora no conoce el sexo de la persona que la pone. Es decir, las cuestiones domésticas no pertenecen en si a esencia femenina. Pero para no pertenecer esencialmente, le quitan un montón de tiempo y esfuerzo, y además, la alejan de toda actividad intelectualmente interesante.
Y a mi me tocó enfrentarme con la dura y denostada realidad de tener que hacerlas no solo sin saber, sino sin tener la mínima afición por ellas.
Me ha costado mucho, y no por el grado de dificultad, sino por la carencia volitiva. Osea, que no tenía ningún interés e hice todo lo posible por soslayar semejante aprendizaje.
Hasta que no me quedó otra, y aquí estoy, profesionalizándome.
Por eso escribo esto, por si hay alguna otra directiva defenestrada a la que no le queda otra que organizar tiempo y dinero para ocuparse de su casa y de sus hijos.
Para los que no la conozcan, les remito a mis distintos heterónimos y a www.trumanfactor.com que es un sitio bastante elegante donde soy una invitada regular.
El caso es que antes de escribir en Truman Factor, yo tenía un blog, actualmente al baño maría, donde desahogaba las penas que me produjo el largo tiempo que pasé en desempleo y todo el tiempo que tuve que pasar en el WFA, (al glosario me remito). El blog devino en mi colaboración en Truman Factor y lo tengo congelado, por si acaso.
Pero he decidido volver a escribir, esta vez un manual de organización doméstica.
Ya ven.
Con todo lo lista que me creo y la de libros profundísimos que he leído, he terminado por redactar un manual de gestión doméstica dirigido a mujeres.
Y está dirigido a mujeres porque a los hombres les importa un bledo si la lavadora funciona o no, si la Marmota (ver glosario) cobra en 13 ó 14 pagas o si hay que descongelar el frigorífico de cuando en vez.
Les importa un bledo y no van a hacer ni un poquito por interesarse por estas faenas. Y, sinceramente, yo lo entiendo. A mi tampoco me importaban nada, ni tenía mínimos conocimientos sobre el asunto.
Y es que cuando uno tiene dinero y un trabajo interesante los asuntos domésticos se subcontratan.
No es un trabajo cualificado, es mas, su retribución máxima nunca supera los 950 euros brutos mensuales, y además, es un tostón ingrato.
Pero hay que hacerlo, y no sé ustedes, pero si piensan que las cosas van a ir a mejor para las mujeres, les anuncio que están equivocados.
La conciliación es un mito, los horarios españoles están pensados para comidas de negocios en un país de bares, y bañar a los niños, pudiéndose tomar uno un gintonic con los colegas del trabajo, es un asunto que a los hombres les preocupa digamos, regular ná mas.
La lavadora no conoce el sexo de la persona que la pone. Es decir, las cuestiones domésticas no pertenecen en si a esencia femenina. Pero para no pertenecer esencialmente, le quitan un montón de tiempo y esfuerzo, y además, la alejan de toda actividad intelectualmente interesante.
Y a mi me tocó enfrentarme con la dura y denostada realidad de tener que hacerlas no solo sin saber, sino sin tener la mínima afición por ellas.
Me ha costado mucho, y no por el grado de dificultad, sino por la carencia volitiva. Osea, que no tenía ningún interés e hice todo lo posible por soslayar semejante aprendizaje.
Hasta que no me quedó otra, y aquí estoy, profesionalizándome.
Por eso escribo esto, por si hay alguna otra directiva defenestrada a la que no le queda otra que organizar tiempo y dinero para ocuparse de su casa y de sus hijos.
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